{"id":1040,"date":"2017-02-02T11:13:24","date_gmt":"2017-02-02T11:13:24","guid":{"rendered":"http:\/\/dl.mpdl.org\/fgdtw\/blog\/historia-voluntaria-guatemala\/"},"modified":"2017-02-02T11:13:24","modified_gmt":"2017-02-02T11:13:24","slug":"historia-voluntaria-guatemala","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/dl.mpdl.org\/fgdtw\/blog\/historia-voluntaria-guatemala\/","title":{"rendered":"Historia de una voluntaria en Guatemala"},"content":{"rendered":"<p>\u201cGuatemala es bella, pero duele en lo m\u00e1s profundo. No podr\u00eda dejar indiferente a nadie que la observe con el alma y, desde luego, yo no ser\u00e9 una excepci\u00f3n.\u201d<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<div class=\"row\">\n<div class=\"col-md-12\">\n<p class=\"lead\"> <span class=\"alternative-font\">\u00abGuatemala es bella<\/span>, pero duele en lo m\u00e1s profundo. No podr\u00eda dejar indiferente a nadie que la observe con el alma y, desde luego, yo no ser\u00e9 una excepci\u00f3n\u00bb <\/p>\n<hr class=\"tall\" \/>\n<p><strong>Un texto de Elena Garc&iacute;a Moreno, voluntaria del Movimiento por la Paz en Guatemala<\/strong><\/p>\n<p>Escribir una historia de vida, es decir, una peque&ntilde;a biograf&iacute;a exitosa sobre una mujer de Solol&aacute;, era una de mis tareas para estos cuatro meses y medio. Tom&aacute;ndome todas las licencias posibles y sin, por supuesto, compararme con las luchadoras que habitan en este Departamento, voy a exponer lo que para m&iacute; ha sido una peque&ntilde;a vida llena de experiencias y aprendizajes.<\/p>\n<p>Reci&eacute;n llegada desde la capital espa&ntilde;ola al aeropuerto de la Aurora, entre l&aacute;grimas de miedo y a&ntilde;oranza sin apenas llevar un d&iacute;a, no pod&iacute;a despegar la nariz de los vidrios tintados del coche. Sorteando carros destartalados reconstruidos con piezas de aqu&iacute; y de all&aacute;, y autobuses escolares tuneados (herencia de Estados Unidos) que conducen m&aacute;s r&aacute;pido de lo considerado razonable, empec&eacute; a observar todo lo que me rodeaba. A un lado, edificios de oficinas, hoteles de lujo, luces y fluorescentes de inmensos centros comerciales llenos de tiendas y restaurantes&hellip; Y al otro, barrancos repletos de casas api&ntilde;adas unas encimas de otras, sin luces y sin colores, solo pobreza.<\/p>\n<p>Fue la primera vez en mi vida que pude observar una desigualdad tan palpable y dolorosa apenas separada por unos cientos de metros. &ldquo;Guate&rdquo;, la capital, es una dosis de realidad donde uno puede cerciorarse de lo que realmente pasa al otro lado del mundo. Dir&iacute;a que la ciudad es un lugar extremadamente complicado que, entre contaminaci&oacute;n, coches, pobreza y riqueza, tiene peque&ntilde;os refugios que te invitan a conocerla un poco m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Pero he de decir que mi estancia en &ldquo;Guate&rdquo; dur&oacute; poco, pues mi trabajo se desarroll&oacute; en la sede del Movimiento por la Paz en Panajachel, en el Departamento de Solol&aacute;, a unos 140 kil&oacute;metros al oeste de la capital.<\/p>\n<h4>Panajachel<\/h4>\n<p>A&uacute;n con el coraz&oacute;n un poco encogido por mi temporal despedida de Espa&ntilde;a, casi llegando al que ser&iacute;a mi hogar por poco m&aacute;s de cuatro meses, un hermoso e imponente lago azul rodeado de monta&ntilde;as y volcanes apareci&oacute; mientras iba en carretera. Indescriptible la belleza del lugar que se iba a convertir en el tel&oacute;n de fondo de mi d&iacute;a a d&iacute;a. Aun poco antes de despedirme, se me segu&iacute;a poniendo la carne de gallina al observar su paisaje o sus atardeceres en el muelle.<\/p>\n<p>&ldquo;Pana&rdquo;, mi que peque&ntilde;o &ldquo;Pana&rdquo;, ha sido un refugio durante estos meses en contraste con la dureza de la capital. All&iacute; se respiraba tranquilidad. Las tienditas de artesan&iacute;a y tejidos tradicionales pueblan sus calles. Abundan los restaurantes y hoteles para todos los gustos. Los turistas no paran de ir y venir, pero, en medio de todo ese ambiente tur&iacute;stico, afortunadamente pervive un aire tradicional donde la mayor&iacute;a de las mujeres y hombres perpet&uacute;an las costumbres ind&iacute;genas, visten los trajes tradicionales y comen sus guisos t&iacute;picos.<\/p>\n<p>El olor a tortillas de ma&iacute;z y pollo frito, los cl&aacute;xones de los tuc-tuc y la m&uacute;sica de marimba son caracter&iacute;sticas que se me vendr&aacute;n a la mente cuando piense en &ldquo;Pana&rdquo;. Aunque siempre, por su puesto, sin olvidar el inmenso lago, las sonrisas doradas de sus habitantes y las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, que con sus trajes tradicionales corretean por su calle principal.<\/p>\n<p>Y ah&iacute; estaba yo, una madrile&ntilde;a inexperta perdida en el altiplano del pa&iacute;s con unas costumbres tan diferentes que hasta el mismo espa&ntilde;ol parec&iacute;a un idioma distinto. Resulta curioso c&oacute;mo en cuatro meses puede uno evolucionar de literalmente llorar por no poder tirar de la cisterna por los constantes cortes de agua a tomarme con calma e incluso con sentido del humor los apagones y visitas inesperadas de insectos por cuyo tama&ntilde;o pocos podr&iacute;an aceptar como cohabitantes.<\/p>\n<h4>Manos a la obra<\/h4>\n<p>El trabajo que deb&iacute;a realizar supon&iacute;a un importante desaf&iacute;o que, he de confesar, me llenaba de inseguridades. Sin embargo, gracias a mis compa&ntilde;eras, tanto del Movimiento por la Paz como de la organizaci&oacute;n con la que compart&iacute;amos proyecto, REDMUSOVI, mi labor ha supuesto un aprendizaje equiparable a muchas horas de estudio en la universidad. Todas me acogieron y apoyaron como si me conociesen de toda la vida y sin tener en cuenta -o por lo menos eso me transmitieron- mi escasa experiencia en cooperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En uno de los pa&iacute;ses con mayor n&uacute;mero de feminicidios, nuestro proyecto estaba enfocado a la prevenci&oacute;n de la violencia contra las mujeres. Imponente reto que nos dejaba avanzar muy lentamente, pero que con cada paso hacia adelante, por peque&ntilde;o que fuese, sab&iacute;amos que est&aacute;bamos contribuyendo a una sociedad m&aacute;s justa. Ese es nuestro reto conjunto.<\/p>\n<p>Mi trabajo diario me permiti&oacute; acercarme a las mujeres de Solol&aacute;, a sus historias de sobrevivientes y luchadoras en una sociedad violenta dominada por los hombres. Tuve la oportunidad de acompa&ntilde;ar con mi c&aacute;mara a Las Poderosas Teatro en sus talleres de sensibilizaci&oacute;n en centros educativos y conocer de primera mano los temores de las y los m&aacute;s j&oacute;venes. Colabor&eacute; con mis compa&ntilde;eras en todo lo que me requirieron, desde apoyar en las inauguraciones de los nuevos espacios p&uacute;blicos rehabilitados libres de violencia &nbsp;garantizando la visibilidad del trabajo y un discurso homog&eacute;neo, hasta la toma del acta de diferentes talleres y reuniones para sistematizar el trabajo que realizamos. Siempre recordar&eacute; la oportunidad que tuve de participar en el taller de sensibilizaci&oacute;n sobre violencia de g&eacute;nero con autoridades ind&iacute;genas.<\/p>\n<p>En virtud de mi formaci&oacute;n period&iacute;stica, documentaba cada evento y avance de la organizaci&oacute;n. Con el objetivo de visibilizar nuestro trabajo, realic&eacute; materiales publicables y algunas entrevistas que me permitieron acercarme un poco m&aacute;s a la dura realidad del pa&iacute;s. Durante mi estancia en Guatemala, iniciamos nuestra andadura en las redes sociales y tuve la suerte de poder impartir varios talleres de comunicaci&oacute;n dentro y fuera del equipo donde resaltamos la importancia de la misma en nuestra labor diaria.<\/p>\n<h4>En contacto con las personas<\/h4>\n<p>Definitivamente ha sido un trabajo emocionante en el que cada d&iacute;a pod&iacute;a ser diferente. Por supuesto, hubo momentos complejos o de frustraci&oacute;n, pero, sin duda, la gratificaci&oacute;n de lo que hac&iacute;amos los superaba con creces. Trabajar con el Movimiento por la Paz me ha dado la oportunidad de unirme a un equipo multicultural, compuesto por mujeres valientes con las que he convivido y aprendido en todos los sentidos. &nbsp;<\/p>\n<p>Gracias al trabajo, que me permit&iacute;a estar en contacto con la poblaci&oacute;n, y supongo que como parte de mi crecimiento personal y adaptaci&oacute;n a un entorno tan diferente, poco a poco me fui haciendo a la cotidianidad sololateca. A lo reservado de su poblaci&oacute;n, a sus costumbres tradicionales, al regateo en el mercado de los domingos que ya es casi un pasatiempo, a su ritmo tranquilo, a sus desayunos de frijoles y <em>refacciones<\/em> de tamales o chuchitos. A &nbsp;sus lluvias intensas, a sus abundantes iglesias evang&eacute;licas cuyos cantos se oyen desde varias cuadras, a sus puestitos de comida repletos de gente en casi todas las esquinas, a sus mujeres descalzas llevando inmensos canastos sobre la cabeza aparentemente sin dificultad, a sus coloridos trajes, a sus hermosos tejidos&hellip;<\/p>\n<p>Solol&aacute; Departamento es un punto medio entre el pasado y el presente donde lo ind&iacute;gena y mestizo conviven mientras mantienen sus singularidades. No es raro ver a chicas j&oacute;venes con su corte y huipil de la zona combinado con una sudadera de cualquier marca estadounidense mezclando lo tradicional y moderno en una sintaxis curiosa que podr&iacute;a resumir la esencia de Panajachel a la perfecci&oacute;n.<\/p>\n<h4>Guatemala es bella<\/h4>\n<p>Guatemala es bella. Sus paisajes son capaces de cortarle la respiraci&oacute;n a cualquiera, sus imponentes volcanes y las impresionantes ruinas mayas hacen que te des cuenta de lo diminuto que eres frente a toda esa majestuosidad. Las ciudades y pueblos coloniales son capaces de transportarte siglos atr&aacute;s; sus lagos azules y sus bosques frondosos atrapan a sus visitantes y la amabilidad de la gente, su calidez y respeto, su fuerza y sus historias de lucha incansable te hacen reflexionar sobre lo mal acostumbrados que podemos llegar a estar al otro lado del mundo.<\/p>\n<p>Pero, a pesar de su indudable belleza, Guatemala duele en lo m&aacute;s profundo. La violencia surca sus calles en todas las zonas del pa&iacute;s, de manera m&aacute;s o menos visible, pero al fin y al cabo violencia que acaba d&iacute;a a d&iacute;a con vidas inocentes. Violencia machista, violencia intrafamiliar, violencia entre j&oacute;venes pandilleros, violencia causada por el narcotr&aacute;fico, violencia de cualquier tipo que ensombrece al pa&iacute;s de la eterna primavera. Duele ver a ni&ntilde;os que apenas levantan un palmo del suelo vendiendo en la calle; saber que la gente se muere literalmente de hambre y que la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y el lavado de dinero campan a sus anchas. Duele ver c&oacute;mo las heridas de un conflicto cruento hasta l&iacute;mites inimaginables a&uacute;n no han empezado ni a cicatrizar porque los acuerdos de paz han quedado en papel mojado&hellip;<\/p>\n<p>As&iacute; es Guatemala o, al menos, as&iacute; es c&oacute;mo mis inexpertos ojos viajeros la han conocido. En tan solo cuatro meses, con sus l&aacute;grimas y sus risas, me llevo este pedacito de tierra y su gente tan dentro de m&iacute; que siempre lo considerar&eacute; como una peque&ntilde;a parte de mi hogar en la que crec&iacute; en todos los sentidos: profesional, personal y cultural.<\/p>\n<p>Guatemala no podr&iacute;a dejar indiferente a nadie que la observe con el alma &nbsp;y, desde luego, yo no ser&eacute; una excepci&oacute;n. Hasta pronto Guatebella. &nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cGuatemala es bella, pero duele en lo m\u00e1s profundo. 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